Lluís Hortalà

BIO

Lluís Hortalà (Olot, 1959) estudió en 2014 y 2015 en la prestigiosa escuela Van der Kelen Logelain para aprender las técnicas que Alfred Van der Kelen dejó establecidas a finales del siglo xix para la pintura decorativa. Allí se preparó para imitar la textura del mármol, que actualmente aplica con maestría a un conjunto de objetos falsamente voluminosos. Su propósito: captar la mirada del espectador y sumirla en una trama de tensiones y contorsiones con que se pone en juego una cierta arqueología del régimen escópico desde la propia afectación física del ojo. El trampantojo (trompe-l’oeil) permite a Hortalà devolver la reflexión sobre el arte y la visualidad a la experiencia corporal mediante un conjunto de objetos que consiguen engañar al ojo una y otra vez —a pesar de que a la conciencia del que mira le parezca haber descubierto el truco.

Jean Baudrillard se refirió al trampantojo como lo falso de lo falso, «un simulacro con plena conciencia de juego y artificio»: el trampantojo atrapa al ojo, intercede en su capacidad de componer un lugar y deshace la posición soberana que normalmente ostenta la mirada. Frente al trampantojo, la mirada ya no podrá imponer un punto de fuga con el que gobernar el espacio, sino que el ojo resulta capturado para devenir, en cambio, en el punto de fuga de la mirada que le proyectan los objetos. No es el ojo cartesiano que, proyectando una mirada sobre el mundo, piensa y, luego, existe, sino que el sujeto-ante-el-trampantojo se halla justo en la posición contraria. Su ojo es sobre todo mirado por el objeto al cual presumía mirar. Así pues, el mundo del trampantojo es un mundo de pura visualidad en el que no hay nada que ver: el ojo del espectador se descubre dominado enteramente por una mirada otra.

Todo rastro de idealismo y de enaltecimiento humanista se evapora, por consiguiente, con esta exposición. Tal y como observó Jacques Lacan, el trampantojo no rivaliza ni tan siquiera con el mundo de las apariencias, sino que lo hace más bien con el mundo de las ideas, el mundo platónico, con el que se supone desde tiempos antiguos que en el reverso de toda apariencia siempre hay una intencionalidad que trasciende al objeto. Sin embargo, este no es el caso del trampantojo, el cual reafirma aún con más intensidad la agencia material del mundo; sin tratarse, tampoco, de una hiperrealidad, sino que, como señala Hortalà, el trampantojo «no es más real que lo real, es lo real». En el trampantojo se halla expresada la trampa de la visualidad en toda su literalidad.

Lluís Hortalà, Entrevista

El Temps de les Arts

6 de febrero de 2020

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