Una página de la historia se arruga – Blanca Casas Brullet

Una página de la historia se arruga – Blanca Casas Brullet

30.11.2022— 25.02.2023

¿Cómo afrontamos el cambio? O, por el contrario, la continuidad?

¿Cuál es su economía, qué trabajo suponen?

Este no es necesariamente el cuestionamiento inicial de Blanca Casas Brullet sino el que se impone a quién observa su obra. La economía de medios y materiales es considerable e inversamente proporcional al largo periodo de trabajo y reflexión que su producción implica. La cerámica, el objeto encontrado, los cuadernos de contabilidad despedazados o los programas de animación son algunos de los materiales de baja imprenta ecológica que la artista somete a un planteamiento conceptual laborioso, desarrollando así un trabajo largo y repetitivo, a menudo manual, de gran precisión.

 Este cuestionamiento, estimulado por la obra de Casas Brullet, evoca preocupaciones actuales hace eco de las estructuras políticas y socioeconómicas de la democracia que están siendo minadas a escala mundial. La artista hace que estas preguntas adquieran un carácter literal al aplicar un lenguaje abstracto: ¿cambiar implica destruir?; ¿por qué la destrucción es tan rápida y tan eficaz?; ¿qué es lo que queda?; ¿cómo actuar?

Pienso en el video «Chute» (Caída) (2022), donde una cuadrícula se deshace, junto a la obra «Ángulo» (2022), una esquina de pared que se pliega sobre sí misma. Ambas piezas hacen referencia, como gran parte de la obra de la artista, a la página y a la cuadrícula. La página pautada del libro de cuentas, que tan a menudo emplea, es un espacio político donde se presentan datos, cifras, categorías, para tejer una historia que es a la vez personal y colectiva: una economía.

Es esta estructura predeterminada la que la artista desestabiliza. Estas páginas y estas cuadrículas implican un orden. El hecho de alterarlas implica una labor de interferencia. Así, los dibujos que se presentan en diálogo directo más adelante, «Barricadas» y «Legal» (ambos del 2019) ponen en relación una estructura de oposición, la barricada, con una estructura de organización, la página cuadriculada, de la cual se han desprendido algunas celdas que se acumulan a la parte inferior. Todo esto me recuerda una obra de 2015, “Voilés”, páginas de papel fotosensible aparentemente arrugadas que conservan las marcas de una cuadrícula: dobladas respetando unas líneas ortonormales, y a su vez, arrugadas por una mano que las ha comprimido.

Este trabajo de interferencia continúa en otra parte de la exposición, con “Cadenas” (2022), que son en realidad cadenas hechas de porcelana, un material preciado pero ecológicamente sostenible, de apariencia sólida pero potencialmente frágil. Estas cadenas están dispuestas donde el cuerpo del espectador/a se situaría o pasaría, de forma que este/a tiene que negociar su relación con espacio.

Si una página de la historia se arrruga, es decir, si la realidad política destruye lo que parecía darse por hecho, pero también aparecen nuevas soluciones, ¿qué se puede hacer? Más adelante, una obra protocolaria puede brindar una respuesta, «Haikus de lo heterogéneo» (2022). Se trata de esculturas realizadas siguiendo siempre los mismos preceptos: combinar tres elementos encontrados y unirlos sin forzarlos: sin cola, sin clavos. El haiku en sí mismo no problematiza el momento que expresa. Deja que exista, simplemente haciendo una pequeña cesura en tejido de la realidad, abriéndose a un espacio no sólo de libertad sino también de atención y de humildad.

 

Joana P.R. Neves

 

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