SWAB 2026
Cabe la posibilidad de que estos ojos que ahora leen estas palabras ya hayan sido invitados en otra ocasión. Si no es el caso déjame darte la bienvenida.
Hace aproximadamente un mes se cerraron las puertas de Una pequeña invitación, un proyecto creado por la Galería RocíoSantaCruz y presentado junto a Rubén González Bonilla en el marco de ArtNou. Quizá algunos de vosotros ya atravesasteis aquella pequeña invitación y hoy os reencontráis con estas obras; quizá para otros esta sea la primera vez que entráis en ellas.
En aquel trabajo anterior, el diálogo con Ouka Leele abrió también otra forma de mirar la fotografía. A partir de ese encuentro, González Bonilla comenzó a aproximarse a la imagen no como algo que necesariamente debe ser capturado, sino como una materia que puede ser labrada, cuidada y transformada. La fotografía deja así de responder únicamente a la lógica del instante para entrar en un tiempo más lento, donde pintar, coser, bordar o intervenir la superfi cie no son acciones posteriores a la imagen, sino maneras de continuar haciéndola aparecer.
Pero una exposición no desaparece necesariamente cuando se cierran sus puertas. Hay algo de su presencia que permanece en quienes la han habitado, en aquello que recuerdan y en la posibilidad de volver a encontrarse con ella desde otro lugar. Hoy este proyecto vuelve a aparecer de una nueva forma, en un nuevo formato. Las obras regresan, pero también regresan los ojos que las miran. A mí me gusta llamar a este encuentro La otra invitación. Porque una invitación no es solamente aquello que ocurre cuando abrimos una puerta; también es aquello que permanece después de haberla atravesado. Una forma de presencia que puede volver a activarse cuando alguien mira, cuando alguien reconoce, cuando alguien se detiene. Quizá por eso este proyecto nunca acaba del todo. Se sostiene en los ojos de quien lo mira, como si fuera un libro de visitas ocular.
La otra invitación parte de esta investigación y entiende la fotografía como un espacio donde memoria, materia y símbolo permanecen entrelazados. El proyecto recupera las prácticas textiles no desde una voluntad de reconstrucción histórica, sino como una forma contemporánea de pensar la imagen desde el cuidado, la reparación y la transmisión. El bordado aparece entonces como lenguaje y no únicamente como técnica; el hilo, como una escritura que atraviesa la imagen y modifi ca aquello que vemos. De este modo, la fotografía puede ser también una práctica textil: una superficie abierta, capaz de guardar el tiempo de las manos que la transforman.
Enrique O. Romero